miércoles, 18 de abril de 2012

Casado Soler, evangelista del homo dominicanus


En las noches oscuras de nuestras amarguras nacionales, te veo santo y glorioso, se alzan tus predicas providencialistas hasta los inmensos cielos donde habitan avatares civilizadores, mientras caminamos en la sencillez del evangelio que nos dará la verdadera libertad.

Llegando están los tiempos de los amaneceres de esperanza, se abren los sagrados misterios que nos definen como seres, el universo conspira junto a sus ungidos para cumplir las proféticas ideas que nos legaste en el grito insular que encarnó en tu voz de evangelista, exaltando la Presencia Olvidada por la grey terrenal en la tierra donde vive el pueblo que fue bautizado con el nombre eterno.

Al recordar tu partida de este plano terrenal, al dejarnos tus amores y la soledad de tu presencia, que se hacía más fuerte en nuestras conciencias, no puedo olvidar la tristeza que arropó mi alma, las lagrimas que despedían a un Padre, la confusión que experimentaba un discípulo, sobrecogido en un dolor hondamente sentido, solo me calmaba el saberte espíritu inmaculado, desplegado en los aires que nos darían respiro para seguir luchando por la instauración del Mensaje del Hombre hecho nación.

No pasó desapercibida tu despedida, te saludé desde mi silencio, prefiero los caminos largos que nos traza el destino, a la inmediatez que domina el corazón del hombre ambicioso y por demás vanidoso, escojo el reconocimiento de la obra consumada cuando haya de ser, pero con la certeza cierta de que será, venciendo los tiempos, y mas allá del olvido, Dominicana no puede ser ni será sin el fundamento del Evangelio Civilizador que nos legaste en tu canto de Amor Eterno, de un Pueblo destinado para despertar la viva imagen de Dios de toda la Humanidad.

Estas presente en el voto de consagración que hemos hecho de continuar la obra libertaria de los trinitarios, de avanzar hacia la gestación del homo dominicanus, expresión perfecta de las vibraciones espirituales del todo absoluto, poseedor de los elementos culturales trascendentales del imperativo humano de encontrarse a sí mismo para jamás yacer perdidos en el oscurantismo de los inferiores instintos que ya se empiezan escuchar murmullos lejanos desde esta atalaya espiritual en la que nos encontramos los hijos e hijas de esta Patria Divinizada.

Será fecha histórica de los nuevos tiempos, el 16 de marzo de hace quince años, alzaste tus brazos, exhalaste tu inefable espíritu y proclamaste para toda la eternidad el nombre redentor de la Humanidad: Dominicana.

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